

Granada en verano.
Luz suave, verde intenso y el sonido constante del agua
Guillermo se vistió en una casa rural cercana, con la calma de quien sabe que el día ya ha empezado. Traje negro, pajarita, los últimos ajustes frente a la ventana. Sin prisas. Elena lo hizo en una de las habitaciones del palacio de la Finca Casa Real de Soto de Roma Granada. Silencio, manos que colocan mechones, el vestido esperando en el pasillo interminable de suelos de barro. Natural, elegante, sin excesos.
La ceremonia tuvo lugar en el jardín, junto a la fuente antigua. Imponente, serena, testigo de todo. El agua reflejaba las columnas, las flores blancas y amarillas, las miradas cómplices. Un espacio con historia que sostuvo un momento muy presente. Después, pétalos al aire y sonrisas abiertas. Paseos entre setos, abrazos largos, la arquitectura de ladrillo envolviéndolo todo.
La cena al aire libre, mesas redondas y madera, conversación tranquila bajo las guirnaldas. Y más tarde, ya sin protocolo, la fiesta: humo, luces, hombros en alto, risas sin medida. Elena y Guillermo celebraron así. Con equilibrio. Con verdad. Un día sencillo y lleno de intención, en un lugar que no necesita artificios.





























